esenciales, su dimensión global y transfronteriza, su naturaleza dual, su masividad y su
vertiginosa y constante evolución.
Como toda construcción humana, esta revolución tecnológica no es perfecta, contiene
errores y debilidades y conlleva vulnerabilidades que es necesario reconocer. Uno de los
prerrequisitos esenciales para que el Ciberespacio se despliegue en toda su potencialidad
en beneficio de la humanidad, es alcanzar niveles razonables de seguridad y
confiabilidad.
Nos encontramos frente a un cambio de paradigma, a partir del cual se han trasladado al
entorno virtual una gran cantidad de actividades. La realidad exhibe que servicios
esenciales para la vida de las personas y para la economía, como la energía, el agua, el
transporte, las comunicaciones y los servicios financieros, entre otros, tienen en la
actualidad una fuerte dependencia de las redes informáticas. Su protección es
extremadamente compleja, entre otras razones, porque implica la coordinación de
esfuerzos de múltiples actores públicos y privados.
Por otra parte, el uso de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones para el
relacionamiento entre las personas, la interacción del Estado con el ciudadano o el
surgimiento de la economía digital, entre otras actividades, ha contribuido al crecimiento
exponencial del uso del Ciberespacio, aumentando consecuentemente los riesgos a los
que se encuentran expuestas las personas y las organizaciones. Es necesario reconocer
esta realidad y asumir su complejidad, como primer paso indispensable para enfrentar las
dificultades y problemas y hallar las soluciones adecuadas.
La realidad nos muestra que en el Ciberespacio existen, entre otras, dificultades
originadas en aspectos relacionados con la atribución de responsabilidad, las
vulnerabilidades de las infraestructuras críticas, las grandes asimetrías que se manifiestan
entre los países a partir de la globalización y las cuestiones vinculadas con el ejercicio de
la soberanía. Este último concepto en particular, entendido como el ejercicio supremo del
poder del Estado, está necesariamente vinculado a lo territorial. Sin embargo, Internet
representa un dominio global e intangible y un flujo infinito de datos sobre el cual no se
ejerce dominio ni soberanía, poniendo a prueba el concepto antes mencionado e
instaurando un nuevo paradigma que es necesario entender.
El escenario internacional presenta fuertes antagonismos y tensiones. Un número
importante de países está haciendo un uso militar creciente del Ciberespacio, generando
inestabilidad y desconfianza entre las naciones y temores en las sociedades. En este
marco, la REPÚBLICA ARGENTINA promoverá en todos los foros en los que participe, el
uso pacífico del Ciberespacio y apoyará toda iniciativa que tenga por fin la instauración de
valores como la Justicia, el respeto al Derecho Internacional, el equilibrio y la disminución
de la brecha digital entre las naciones, impulsando el diálogo y la cooperación. El
Ciberespacio debe constituirse en un dominio en el que impere la paz, sustrayéndolo de
posibles conflictos armados.
Otra característica esencial de este proceso revolucionario, es su naturaleza global. Si
bien la “brecha digital” entre países desarrollados y países en desarrollo es, en algunos
casos, abismal, podemos afirmar que no hay región de la tierra que no esté, en alguna
medida, alcanzada por estas transformaciones.
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