A/68/156 la ciberseguridad debe formar parte intrínseca del planeamiento de la seguridad nacional. En la actualidad, no existe la garantía de un marco legal internacional que responda ante las amenazas a la seguridad en este campo, por lo que, sin ceder soberanía nacional en aspectos de ciberseguridad, se deberían alcanzar acuerdos multilaterales de colaboración en esta materia, análogo al Convenio internacional para la seguridad de la vida humana en el mar (SOLAS), o similar, en el que los estados se comprometan a unificar las legislaciones para permitir la persecución de los delitos en la Red, intentando evitar en la medida de lo posible que el anonimato, la ausencia de legislación y los intereses económicos hagan de la Red el caldo de cultivo ideal para la delincuencia y el terrorismo. Se debe involucrar al sector privado, especialmente a los proveedores de servicios de Internet, en la lucha contra la ciberdelincuencia. La colaboración del sector privado es esencial puesto que la mayoría de los servicios de Internet está en sus manos. El sector privado lleva mucho tiempo haciendo frente a las amenazas existentes en Internet y sus conocimientos y experiencia pueden ser muy valiosos. Los CERTs son piezas clave en la ciberseguridad. El establecimiento de CERTs especializados y la formación continua de sus componentes sobre las últimas tendencias son los primeros pasos que deben adoptar los gobiernos para garantizar la ciberseguridad. Resulta igualmente importante la creación dentro de las fuerzas de orden público de unidades especializadas en la investigación de los delitos cometidos a través de Internet. La ciberseguridad es un desafío global, por ello, la cooperación internacional orientada a su mejora es fundamental y debería ser alentada tanto a nivel político como operacional. Las comunicaciones entre CERTs de diferentes países deben ser muy fluidas para facilitar compartir información sobre ataques con un breve tiempo de respuesta. También las lecciones aprendidas y las mejores prácticas nacionales e internacionales deben ser compartidas. Otras medidas incluyen: • Formar y concienciar al ciudadano, desde edades tempranas, para que preste atención a la seguridad de los sistemas informáticos que utilice. Muchas formas del cibercrimen se aprovechan (o incluso dependen) del hecho de que muchos usuarios de Internet no toman las debidas precauciones para hacer sus ordenadores y cuentas tan seguras e impenetrables como sea posible. Por ello la educación del usuario es esencial. Una mayor concienciación sobre este problema reduciría el número de ordenadores utilizados por los ciberdelincuentes para desarrollar sus actividades, en especial las relacionadas con las “botnets”. • Agilizar los procedimientos de cooperación judicial y policial en la escena internacional para poder perseguir ilícitos penales, con rapidez y eficacia, debido al carácter distribuido de Internet y de la volatilidad de los registros de conexiones, según la legislación de cada país. • Organizar foros, seminarios y conferencias multinacionales. Tendrían por objetivo elevar los conocimientos de los expertos y compartir el conocimientos de las diferentes formas de ataque, las nuevas tendencias de ciberataques, el análisis de las vulnerabilidades y el impacto de potenciales ataques, así como 13-39738 9

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