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El Reino Unido es un miembro activo del Grupo de Expertos Gubernamentales
sobre los avances en la esfera de la información y las telecomunicaciones en el
contexto de la seguridad internacional y del grupo de trabajo oficioso de la
Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) sobre el
establecimiento de medidas de fomento de la confianza para el ciberespacio.
En octubre de 2012, el Reino Unido anunció una iniciativa para crear un centro
para la creación de capacidad mundial sobre ciberseguridad, con una financiación de
2 millones de libras esterlinas anuales, que incluirá diversas iniciativas
multilaterales y bilaterales. Ese centro ofrecerá a otros países asesoramiento
independiente y conocimientos especializados sobre la manera de construir
infraestructuras nacionales más seguras y resilientes, y de transformarse en
coordinadores de investigación de primera categoría y para la colaboración
internacional en esta cuestión vital.
Con objeto de impulsar las iniciativas mundiales destinadas a hacer frente a la
ciberdelincuencia internacional, el Reino Unido sigue promoviendo el Convenio
sobre la Ciberdelincuencia y sus principios como el instrumento más eficaz en esta
esfera. El Organismo contra la Delincuencia Organizada Grave continúa liderando,
junto con asociados internacionales, la representación mundial de cuestiones de
orden público ante la Corporación para la Asignación de Nombres y Números en
Internet.
Conceptos internacionales pertinentes destinados a fortalecer la seguridad
de los sistemas mundiales de información y telecomunicaciones
El concepto principal es el de la aplicación del derecho internacional y las
normas de conducta vigentes que rigen las relaciones entre los Estados. El Reino
Unido cree firmemente que esos principios se aplican con la misma fuerza al
ciberespacio y la afirmación sin ambigüedades por los Estados de que sus
actividades en el ciberespacio se regirán por esas leyes y normas sentará las bases
para un ciberespacio más pacífico, previsible y seguro.
A este respecto, el ciberespacio presenta desafíos particulares como, por
ejemplo, las dificultades para atribuir las actividades de manera fiable, la evaluación
de la intención y la función de los agentes no estatales. El Reino Unido recibiría con
agrado la celebración de deliberaciones internacionales sobre la manera de aplicar el
derecho internacional y las normas de conducta de los Estados en este contexto.
El Reino Unido no cree que los intentos de concluir tratados multilaterales
amplios, códigos de conducta o instrumentos similares hagan una contribución
positiva a la mejora de la ciberseguridad en un futuro previsible. La índole compleja
y amplia de cualquier acuerdo vinculante para todo un ciberespacio que evoluciona
a “velocidad de Internet” significa que no podría ser eficaz ni recibir apoyo
generalizado sin muchos años, posiblemente decenios, de ardua labor en materia de
normas de conducta y medidas de fomento de la confianza para generar el
entendimiento y la confianza necesarios entre los signatarios, y para asegurar que
pueden pedirse cuentas de manera fiable sobre el cumplimiento de los compromisos
contraídos. La experiencia en la celebración de esos acuerdos sobre otras materias
muestra que solamente podrán ser significativos y eficaces como culminación de
esfuerzos diplomáticos por llegar a entendimientos y enfoques compartidos, no
como punto de partida. El Reino Unido considera que los esfuerzos de la comunidad
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