ESTRATEGIA NACIONAL Francesa PARA LA SEGURIDAD DEL ÁMBITO DIGITAL — INTRODUCCIÓN
taque contra un medio de comunicación francés de
proyección internacional, pusieron de manifiesto la voluntad y la capacidad de grupos organizados de dejar
fuera de servicio recursos informáticos que sustentan
nuestra vida cotidiana.
La llamada «situación de la amenaza» definida en
2010 ha resultado ser acertada. La amenaza se ve hoy
acentuada por el aumento de las capacidades de los atacantes, la proliferación de las técnicas de ataque y el
desarrollo en el ciberespacio de la criminalidad organizada.
Pero una amenaza de otra naturaleza se extiende.
La de la captación de riquezas digitales por parte de
un oligopolio de empresas que utilizan su posición dominante para obstaculizar la llegada de nuevos protagonistas y captar el valor añadido de esta economía
naciente, que explotará los datos para inventar nuevos
servicios, mejorar nuestro día a día o volver más accesibles los servicios públicos. Entre esos datos figuran
a la cabeza nuestros datos personales, incluidos los de
nuestra vida privada. El control de estas masas de datos abre la puerta a la desestabilización económica y
a sofisticadas formas de propaganda o de orientación
de las convicciones y des los hábitos. En este sentido,
esta amenaza incumbe, por su amplitud nacional y sus
aspectos estratégicos, a la defensa y a la seguridad nacional.
El Parlamento francés aprobó en 2013 las medidas
propuestas por el Gobierno con vistas a reforzar la seguridad informática de los operadores de importancia
vital y de los que participan en sus sistemas de información más críticos.
La postura de Francia está respaldada en todas las
instancias internacionales, y especialmente en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que reconoció
en 2013 la aplicación al ciberespacio del derecho internacional. Por otro lado, los servicios del Estado han
establecido relaciones bilaterales operativas con varios
países.
Los ministerios han tomado conciencia del impacto
político y técnico de las tecnologías de la información
en sus misiones y en la actividad de su administración,
y se dotan de coordinadores encargados de los temas
relacionados con lo digital y su seguridad. Se ha elaborado una política de seguridad de los sistemas de información del Estado y se está aplicando progresivamente.
Los años venideros deben permitir cosechar los
beneficios de las acciones emprendidas y ampliar el
perímetro de la acción pública y de los actores implicados. Es hora de comprobar y de compartir esta comprobación: la defensa y la seguridad del ámbito digital
incumben a la comunidad nacional y no solamente a la
acción del Estado.
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Frente a estos riesgos lamentablemente confirmados, ya se han logrado significativos avances.
Como anunciado en el libro blanco sobre la Defensa
y la Seguridad Nacional de 2008, se creó en 2009 una
agencia nacional para tratar los ataques informáticos y
proteger los sistemas de información del Estado y de las
infraestructuras críticas.
Una política industrial a favor de la industria nacional de ciberseguridad se inscribe, por ejemplo, en el
programa de inversiones de porvenir y en el marco del
plan «Industria del futuro».
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Hasta estos últimos años, nuestra defensa y nuestra
seguridad nacional dependían de los conocimientos,
del comportamiento y de las decisiones de los hombres
y mujeres que tenían acceso a las instalaciones, a los
equipos los más sofisticados, los más protegidos y los
más secretos. Cuando está emergiendo una sociedad
masivamente conectada, parte de esta responsabilidad
recae sobre todos los franceses. Un objeto conectado o
un servicio que no ha sido asegurado lo suficiente por
sus desarrolladores, la negligencia de un responsable en
cuestión de seguridad de los sistemas de información,
el comportamiento descuidado de un proveedor o el de