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II.
Amenazas, riesgos, vulnerabilidades
Las amenazas a la red de sistemas que en conjunto constituyen el ciberespacio,
y la información que transporta, es uno de los desafíos globales serios del siglo XXI.
Actores estatales y no estatales pueden utilizar las tecnologías de la información y las
telecomunicaciones para dirigir ataques contra particulares, el comercio,
infraestructuras industriales fundamentales y los gobiernos. La convergencia entre
las tecnologías, Internet y otras infraestructuras crea oportunidades sin precedentes
para paralizar las telecomunicaciones, el suministro de electricidad, los oleoductos y
refinerías, las redes financieras y otras infraestructuras críticas.
Las características peculiares de la tecnología de la información facilitan su uso
para actividades perjudiciales e imponen un grave desafío a los gobiernos que buscan
reducir el riesgo. A diferencia de las tecnologías militares, las redes que constituyen el
ciberespacio no son monopolio de los gobiernos, sino en muchos casos pertenecen al
sector privado y son explotadas por particulares. La propia tecnología de la
información es una tecnología ampliamente disponible que no es de índole
intrínsecamente civil ni militar, y su utilización depende exclusivamente de la
motivación del usuario.
Los programas informáticos utilizados para perturbar las tecnologías están al
alcance de todos, al menos en sus aspectos básicos. Cualquiera que tenga la
habilidad necesaria puede elaborar enfoques más sofisticados. Además, estas
herramientas evolucionan rápidamente para sacar partido de nuevas vulnerabilidades
que se descubren. Tales instrumentos no son visibles en el sentido convencional,
actúan de manera bastante furtiva, y puede tener “firmas” latentes que pueden ser
fácilmente imitadas. Por la propia índole de Internet, el código malintencionado
puede atravesar muchos territorios nacionales antes de llegar a la meta, por lo que la
identificación de su origen es onerosa, lleva tiempo y requiere a menudo una
importante cooperación transnacional. Incluso si se descubre su origen, puede seguir
siendo difícil determinar la identidad del autor o de los promotores. En
consecuencia, los autores malintencionados pueden operar en secreto, y lo hacen,
con una impunidad sustancial, desde prácticamente cualquier lugar del planeta.
La ocultación de la identidad se ve agravada por la ocultación del motivo que
inspira la intrusión en el ciberespacio. La delincuencia organizada y otros individuos
o grupos pueden actuar para promover sus propios intereses, pero también pueden
ser captados por actores estatales y no estatales, para que sirvan como sustitutos
visibles. El hecho de que en un momento concreto no se pueda atribuir un grado
elevado de confianza y pueda haber suplantación de identidad crearía incertidumbre
y confusión para los gobiernos, con el consiguiente aumento del potencial de
inestabilidad ante la crisis, respuestas mal orientadas y la pérdida de control de la
escalada en los incidentes cibernéticos graves.
Los principales agentes que constituyen amenazas para el funcionamiento
fiable del ciberespacio son:
Delincuentes. Muchas de las herramientas malintencionadas se originan en
a)
los esfuerzos de la delincuencia organizada y piratas informáticos con fines
comerciales. La creciente complejidad y alcance de la actividad delictiva pone de
relieve las posibilidades de que se ejecuten operaciones malintencionadas en el
ciberespacio para afectar la competitividad nacional, causar un desgaste general de
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