A/66/152 II. Amenazas, riesgos, vulnerabilidades Las amenazas a la red de sistemas que en conjunto constituyen el ciberespacio, y la información que transporta, es uno de los desafíos globales serios del siglo XXI. Actores estatales y no estatales pueden utilizar las tecnologías de la información y las telecomunicaciones para dirigir ataques contra particulares, el comercio, infraestructuras industriales fundamentales y los gobiernos. La convergencia entre las tecnologías, Internet y otras infraestructuras crea oportunidades sin precedentes para paralizar las telecomunicaciones, el suministro de electricidad, los oleoductos y refinerías, las redes financieras y otras infraestructuras críticas. Las características peculiares de la tecnología de la información facilitan su uso para actividades perjudiciales e imponen un grave desafío a los gobiernos que buscan reducir el riesgo. A diferencia de las tecnologías militares, las redes que constituyen el ciberespacio no son monopolio de los gobiernos, sino en muchos casos pertenecen al sector privado y son explotadas por particulares. La propia tecnología de la información es una tecnología ampliamente disponible que no es de índole intrínsecamente civil ni militar, y su utilización depende exclusivamente de la motivación del usuario. Los programas informáticos utilizados para perturbar las tecnologías están al alcance de todos, al menos en sus aspectos básicos. Cualquiera que tenga la habilidad necesaria puede elaborar enfoques más sofisticados. Además, estas herramientas evolucionan rápidamente para sacar partido de nuevas vulnerabilidades que se descubren. Tales instrumentos no son visibles en el sentido convencional, actúan de manera bastante furtiva, y puede tener “firmas” latentes que pueden ser fácilmente imitadas. Por la propia índole de Internet, el código malintencionado puede atravesar muchos territorios nacionales antes de llegar a la meta, por lo que la identificación de su origen es onerosa, lleva tiempo y requiere a menudo una importante cooperación transnacional. Incluso si se descubre su origen, puede seguir siendo difícil determinar la identidad del autor o de los promotores. En consecuencia, los autores malintencionados pueden operar en secreto, y lo hacen, con una impunidad sustancial, desde prácticamente cualquier lugar del planeta. La ocultación de la identidad se ve agravada por la ocultación del motivo que inspira la intrusión en el ciberespacio. La delincuencia organizada y otros individuos o grupos pueden actuar para promover sus propios intereses, pero también pueden ser captados por actores estatales y no estatales, para que sirvan como sustitutos visibles. El hecho de que en un momento concreto no se pueda atribuir un grado elevado de confianza y pueda haber suplantación de identidad crearía incertidumbre y confusión para los gobiernos, con el consiguiente aumento del potencial de inestabilidad ante la crisis, respuestas mal orientadas y la pérdida de control de la escalada en los incidentes cibernéticos graves. Los principales agentes que constituyen amenazas para el funcionamiento fiable del ciberespacio son: Delincuentes. Muchas de las herramientas malintencionadas se originan en a) los esfuerzos de la delincuencia organizada y piratas informáticos con fines comerciales. La creciente complejidad y alcance de la actividad delictiva pone de relieve las posibilidades de que se ejecuten operaciones malintencionadas en el ciberespacio para afectar la competitividad nacional, causar un desgaste general de 11-41694 13

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