A/66/152 el hombre están aumentando en número, complejidad y gravedad. Algunas proceden de Estados, pero muchos tienen su origen en agentes no estatales, e incluyen una actividad delictiva o terrorista. Los motivos varían, desde la apropiación de dinero o información, o la perturbación causada a competidores, el nacionalismo y la extensión en el ciberespacio de las formas tradicionales de conflictos estatales. Los autores de estas amenazas las dirigen por igual contra particulares, empresas, infraestructuras nacionales críticas, y gobiernos, y sus efectos tienen consecuencias significativas para el bienestar y la seguridad de las naciones y la comunidad internacional en su conjunto interconectada con carácter mundial. Con independencia de las medidas nacionales que puedan adoptar los gobiernos a nivel nacional para proteger sus redes de información, la colaboración internacional sobre estrategias para reducir los riesgos que penden sobre las tecnologías de la información y las comunicaciones es esencial para garantizar la seguridad de todos. Los gobiernos deben poder confiar en que las redes que sustentan su seguridad nacional y prosperidad económica son seguras y resistentes. El logro de una infraestructura de tecnologías fiable garantizará que todos puedan materializar el potencial de la revolución de la información. Esa tarea no será fácil. La comunidad internacional enfrenta el reto de mantener un entorno que promueva la eficiencia, la innovación, la prosperidad económica y el libre comercio, a la vez que fomenta la seguridad, las libertades civiles y los derechos a la privacidad. La dificultad de la tarea se complica por los atributos peculiares de las tecnologías de la información y las comunicaciones. Accesibles a todos, las redes son a menudo de propiedad del sector privado, que las explota, y no de los gobiernos. A diferencia de las armas tradicionales, las herramientas perjudiciales de la tecnología de la información son furtivas e invisibles. Pueden atravesar por muchas naciones y es difícil determinar el origen, la identidad, y el patrocinio del autor. Algunos actores no estatales están desarrollando cada vez más capacidades que dan a los Estados o actores no estatales mayor posibilidad de utilizar sustitutos para participar en actividades perturbadoras en el ciberespacio. Debido a estos atributos, las estrategias tradicionales, como las medidas empleadas para el control de armas, sean ineficaces para controlar o limitar a los autores de la amenaza y, por tanto, se requieren nuevos enfoques creativos para mitigar los riesgos. A pesar de la dificultad de la tarea, los Estados Miembros deben unirse en el objetivo común de preservar y mejorar la contribución de las tecnologías de la información, garantizando su seguridad e integridad. Las tareas de los Estados Miembros abarcan el ámbito nacional e internacional. La protección de las infraestructuras nacionales de información es una responsabilidad que incumbe a los gobiernos en el plano nacional, en coordinación con las partes interesadas pertinentes de la sociedad civil. Al mismo tiempo, los esfuerzos nacionales deben estar apoyados por la colaboración internacional en la concepción de estrategias que aborden la naturaleza transnacional de las diversas amenazas a los sistemas de información en red. Estos esfuerzos deben incluir la cooperación en materia de gestión de incidentes, mitigación y respuesta, investigación y enjuiciamiento penal con carácter transnacional, recomendaciones técnicas para mejorar la robustez de la infraestructura cibernética, y la afirmación de normas de conducta comunes en el plano internacional, apoyadas por medidas de fomento de la confianza destinadas a mejorar la estabilidad y reducir los riesgos de una percepción errónea. 12 11-41694

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