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la ciberseguridad debe formar parte intrínseca del planeamiento de la seguridad
nacional.
En la actualidad, no existe la garantía de un marco legal internacional que
responda ante las amenazas a la seguridad en este campo, por lo que, sin ceder
soberanía nacional en aspectos de ciberseguridad, se deberían alcanzar acuerdos
multilaterales de colaboración en esta materia, análogo al Convenio internacional
para la seguridad de la vida humana en el mar (SOLAS), o similar, en el que los
estados se comprometan a unificar las legislaciones para permitir la persecución de
los delitos en la Red, intentando evitar en la medida de lo posible que el anonimato,
la ausencia de legislación y los intereses económicos hagan de la Red el caldo de
cultivo ideal para la delincuencia y el terrorismo.
Se debe involucrar al sector privado, especialmente a los proveedores de
servicios de Internet, en la lucha contra la ciberdelincuencia. La colaboración del
sector privado es esencial puesto que la mayoría de los servicios de Internet está en
sus manos. El sector privado lleva mucho tiempo haciendo frente a las amenazas
existentes en Internet y sus conocimientos y experiencia pueden ser muy valiosos.
Los CERTs son piezas clave en la ciberseguridad. El establecimiento de
CERTs especializados y la formación continua de sus componentes sobre las últimas
tendencias son los primeros pasos que deben adoptar los gobiernos para garantizar
la ciberseguridad. Resulta igualmente importante la creación dentro de las fuerzas
de orden público de unidades especializadas en la investigación de los delitos
cometidos a través de Internet.
La ciberseguridad es un desafío global, por ello, la cooperación internacional
orientada a su mejora es fundamental y debería ser alentada tanto a nivel político
como operacional. Las comunicaciones entre CERTs de diferentes países deben ser
muy fluidas para facilitar compartir información sobre ataques con un breve tiempo
de respuesta. También las lecciones aprendidas y las mejores prácticas nacionales e
internacionales deben ser compartidas.
Otras medidas incluyen:
• Formar y concienciar al ciudadano, desde edades tempranas, para que preste
atención a la seguridad de los sistemas informáticos que utilice. Muchas
formas del cibercrimen se aprovechan (o incluso dependen) del hecho de que
muchos usuarios de Internet no toman las debidas precauciones para hacer sus
ordenadores y cuentas tan seguras e impenetrables como sea posible. Por ello
la educación del usuario es esencial. Una mayor concienciación sobre este
problema reduciría el número de ordenadores utilizados por los
ciberdelincuentes para desarrollar sus actividades, en especial las relacionadas
con las “botnets”.
• Agilizar los procedimientos de cooperación judicial y policial en la escena
internacional para poder perseguir ilícitos penales, con rapidez y eficacia,
debido al carácter distribuido de Internet y de la volatilidad de los registros de
conexiones, según la legislación de cada país.
• Organizar foros, seminarios y conferencias multinacionales. Tendrían por
objetivo elevar los conocimientos de los expertos y compartir el conocimientos
de las diferentes formas de ataque, las nuevas tendencias de ciberataques, el
análisis de las vulnerabilidades y el impacto de potenciales ataques, así como
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