A/68/98 dispositivos de tecnologías de la información y las comunicaciones pueden ser el origen o el objetivo de usos indebidos. La utilización de las tecnologías de la información y las comunicaciones con fines malintencionados puede ser fácil de encubrir y difícil de atribuir a un autor concreto, lo que permite aprovecharlas de una manera sofisticada y, a menudo, con impunidad. La interconexión mundial de las redes de tecnologías de la información y las comunicaciones exacerba el problema. La combinación de la conectividad mundial, unas tecnologías vulnerables y el anonimato facilita el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones para realizar actividades desestabilizadoras. 6. Las amenazas a las personas, empresas, infraestructuras nacionales y gobiernos se han agravado, y los incidentes son cada vez más nocivos. Los orígenes de estas amenazas comprenden tanto agentes estatales como no estatales. Además, en la realización de actos indebidos con tecnologías de la información y las comunicaciones pueden intervenir particulares, grupos u organizaciones, incluidas organizaciones delictivas, que actúen por cuenta de Estados. La posibilidad de que agentes estatales y no estatales desarrollen y propaguen sofisticados instrumentos y técnicas maliciosas, como las redes zombi, puede intensificar el riesgo de que se produzca una atribución errónea o una escalada fortuita de la tensión. La falta de una interpretación común sobre lo que constituye una conducta estatal aceptable con respecto al uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones hace aumentar los riesgos para la paz y la seguridad internacionales. 7. Los grupos terroristas utilizan las tecnologías de la información y las comunicaciones para comunicarse, recopilar información, reclutar adeptos, organizar, planificar y coordinar ataques, promover sus ideas y actividades, y recabar financiación. Si esos grupos consiguiesen instrumentos para llevar a cabo ataques, podrían emplear las tecnologías de la información y las comunicaciones para realizar actividades desestabilizadoras. 8. Los Estados están preocupados porque la integración de funciones dañinas ocultas en las tecnologías de la información y las comunicaciones podría aprovecharse de maneras que afectaran al uso seguro y fiable de estas tecnologías y la cadena de suministro de los productos y servicios de esta esfera, menoscabaran la confianza en el comercio y perjudicaran a la seguridad nacional. 9. El uso creciente de las tecnologías de la información y las comunicaciones en infraestructuras y sistemas de control industrial fundamentales genera nuevas posibilidades de desestabilización. El rápido aumento del uso de dispositivos de comunicaciones móviles, servicios web, redes sociales y servicios de computación en nube potencia los desafíos en el ámbito de la seguridad. 10. Las diferencias en los niveles de capacidad que tienen los Estados en la esfera de la seguridad de las tecnologías de la información y las comunicaciones pueden incrementar la vulnerabilidad en el mundo interconectado de hoy. Los agentes malintencionados explotan las redes con independencia de dónde se encuentren. Los aspectos vulnerables se amplifican a causa de las disparidades en las regulaciones, prácticas y legislaciones nacionales referentes al uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones. 13-37169 7

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