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dispositivos de tecnologías de la información y las comunicaciones pueden ser el
origen o el objetivo de usos indebidos. La utilización de las tecnologías de la
información y las comunicaciones con fines malintencionados puede ser fácil de
encubrir y difícil de atribuir a un autor concreto, lo que permite aprovecharlas de
una manera sofisticada y, a menudo, con impunidad. La interconexión mundial de
las redes de tecnologías de la información y las comunicaciones exacerba el
problema. La combinación de la conectividad mundial, unas tecnologías vulnerables
y el anonimato facilita el uso de las tecnologías de la información y las
comunicaciones para realizar actividades desestabilizadoras.
6.
Las amenazas a las personas, empresas, infraestructuras nacionales y
gobiernos se han agravado, y los incidentes son cada vez más nocivos. Los orígenes
de estas amenazas comprenden tanto agentes estatales como no estatales. Además,
en la realización de actos indebidos con tecnologías de la información y las
comunicaciones pueden intervenir particulares, grupos u organizaciones, incluidas
organizaciones delictivas, que actúen por cuenta de Estados. La posibilidad de que
agentes estatales y no estatales desarrollen y propaguen sofisticados instrumentos y
técnicas maliciosas, como las redes zombi, puede intensificar el riesgo de que se
produzca una atribución errónea o una escalada fortuita de la tensión. La falta de
una interpretación común sobre lo que constituye una conducta estatal aceptable con
respecto al uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones hace
aumentar los riesgos para la paz y la seguridad internacionales.
7.
Los grupos terroristas utilizan las tecnologías de la información y las
comunicaciones para comunicarse, recopilar información, reclutar adeptos,
organizar, planificar y coordinar ataques, promover sus ideas y actividades, y
recabar financiación. Si esos grupos consiguiesen instrumentos para llevar a cabo
ataques, podrían emplear las tecnologías de la información y las comunicaciones
para realizar actividades desestabilizadoras.
8.
Los Estados están preocupados porque la integración de funciones dañinas
ocultas en las tecnologías de la información y las comunicaciones podría
aprovecharse de maneras que afectaran al uso seguro y fiable de estas tecnologías y
la cadena de suministro de los productos y servicios de esta esfera, menoscabaran la
confianza en el comercio y perjudicaran a la seguridad nacional.
9.
El uso creciente de las tecnologías de la información y las comunicaciones en
infraestructuras y sistemas de control industrial fundamentales genera nuevas
posibilidades de desestabilización. El rápido aumento del uso de dispositivos de
comunicaciones móviles, servicios web, redes sociales y servicios de computación
en nube potencia los desafíos en el ámbito de la seguridad.
10. Las diferencias en los niveles de capacidad que tienen los Estados en la esfera
de la seguridad de las tecnologías de la información y las comunicaciones pueden
incrementar la vulnerabilidad en el mundo interconectado de hoy. Los agentes
malintencionados explotan las redes con independencia de dónde se encuentren. Los
aspectos vulnerables se amplifican a causa de las disparidades en las regulaciones,
prácticas y legislaciones nacionales referentes al uso de las tecnologías de la
información y las comunicaciones.
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