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sus enormes ventajas a menor costo. Internet aporta un motor para el crecimiento
económico, abre el acceso a la educación, refuerza la interacción y el entendimiento
entre las personas, rompe barreras culturales y geográficas, permite prestar servicios
en línea y refuerza la democracia haciendo que los gobiernos rindan cuentan a sus
ciudadanos de maneras innovadoras y dinámicas. Por ejemplo:
• Las actividades basadas en Internet ya ascienden al 8% del producto interno
bruto del Reino Unido. Garantizar que las empresas y los clientes se sientan
seguros cuando hacen negocios en el ciberespacio es crucial para el
crecimiento económico.
• El Reino Unido puso en marcha en 2011 un servicio de peticiones electrónicas
que permite a cualquier persona presentar o firmar una petición sobre una
cuestión cuya responsabilidad corresponde al Gobierno. Todas las peticiones
que consiguen 100.000 firmas o más se someten a debate en el Parlamento. En
el primer año, se presentaron más de 15.600 peticiones, de las cuales 10
superaron el umbral de las 100.000 firmas. Todas ellas se han debatido o se
han incluido en el calendario del Parlamento.
El Reino Unido, como muchos otros países, depende del ciberespacio en
numerosas esferas de servicios nacionales cruciales, como la energía, las finanzas y
el transporte. Si estos servicios sufren fallos importantes, ya sea accidentales o
como resultado de intrusiones deliberadas, podrían provocar graves trastornos,
daños económicos o pérdida de vidas.
El panorama de las amenazas es complicado y dinámico. Los sistemas
gubernamentales del Reino Unido, al igual que los de empresas y ciudadanos
privados, son objeto de intentos de intrusión cotidianos. Los motivos abarcan el
espionaje político e industrial, la ciberdelincuencia, los trastornos provocados o el
control de las redes, o la negación de servicio. Los responsables abarcan desde
Estados nación, intermediarios de Estados, agentes no estatales y bandas de
delincuencia organizada, hasta personas que actúan de manera oportunista. La
interconexión del ciberespacio implica que las actividades que causan trastornos en
un sistema pueden tener efectos no deseados e imprevisibles en otros. Los intentos
de contrarrestar esas amenazas se ven obstaculizados por la dificultad de atribuir de
manera fiable un ciberincidente a una fuente concreta, el potencial de que los
perpetradores se oculten tras una identidad falsa, la poca madurez en la comprensión
de lo que constituye un comportamiento aceptable del Estado en el ciberespacio, la
escasa resiliencia de la ciberinfraestructura en algunos países, y la ausencia de
enfoques armonizados internacionales para detectar, perseguir y enjuiciar a los
ciberdelincuentes.
Todos los integrantes de la sociedad tienen su papel y sus obligaciones para
combatir estas amenazas. Corresponde a los gobiernos dirigir los esfuerzos
internacionales para mejorar la comprensión de lo que constituye un
comportamiento aceptable del Estado y hacer frente a la ciberdelincuencia pero,
dado que la mayor parte de la infraestructura del ciberespacio es propiedad de
empresas privadas y está operado por ellas, su participación en el debate es crucial.
El Reino Unido considera que la ciberseguridad no debe mejorar a expensas de los
beneficios económicos y sociales que ofrece el ciberespacio. Es especialmente
importante velar por que los esfuerzos por aumentar la ciberseguridad no se desvíen
para imponer nuevas restricciones a la libertad de expresión más allá de las
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